“Emily in Paris”, la nueva versión del héroe americano

Emily in Paris

El mismo día que Netflix estrenó Emily in Paris saltó la polémica en Twitter. Por un lado, estaban los que la acusaban de estar llena de clichés y tópicos, y por otro lado los que decían que no eran para tanto. Y con ese debate en la cabeza empecé la serie este año. A los 10 minutos de serie ya tenía clara mi posición. Una nueva versión del héroe americano que viene a salvar al resto de la humanidad. Una estadounidense se va a trabajar a Francia (sin saber hablar francés) en una empresa de marketing en la que no cabe ni un solo tópico más. 

El debate sobre Emily in Paris llegó a centrarse en elementos tales como que la protagonista hasta usaba una boina, un cliché bastante insignificante si lo comparamos con el resto. La primera imagen de los franceses que da la serie es que son todos unos bordes y desagradables, que fuman mucho y que no pierden ni una sola oportunidad de ligar. Al contrario que nuestra dulce y amable protagonista. Otra escena muy significativa es en la que Emily (Lily Collins) llega a trabajar a la hora normal de Estados Unidos y no hay nadie en la oficina. Lejos de mostrar las diferencias culturales y los distintos ritmos de vida, la serie se queda en un superficial “los franceses son unos vagos que entran varias horas más tarde que los estadounidenses a trabajar”. Por no hablar del idioma. La protagonista se va a trabajar a Francia sin saber hablar francés, pretende que todos hablen inglés a su alrededor y encima organiza “revoluciones” enseñando a los franceses lo mal hecho que está su idioma. 

Clichés y héroes americanos aparte, la serie es bastante entretenida. Una trama que mezcla ambiciones laborales, amistad y amores al más puro estilo The Bold Type. Emily, al igual que Jane Sloane, está dispuesta a mostrarle al mundo su valía profesional y que es capaz de sacarse las castañas del fuego ella solita. Sin embargo, su jefa, lejos de parecerse a la buena de Jacqueline Carlyle se parece más a Miranda Priestly de El diablo viste de Prada.

El final queda muy abierto a una segunda temporada que Netflix ya ha confirmado y que esperamos que resuelva muchos de los frentes que han quedado abiertos. Eso sí, tengamos fe en que lo hacen evitando volver a caer en la gran retahíla de clichés y prejuicios que hemos visto hasta ahora.

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