Reseña: “Hay momentos que deberían ser eternos”, de Megan Maxwell

Hay momentos que deberían ser eternos, de Megan Maxwell

Megan Maxwell se ha convertido últimamente en una autora imprescindible en mi estantería. Sus libros representan a la perfección mi zona de confort literaria y son la opción perfecta para cuando necesito una historia con la que distraerme.

A finales de junio se estrenó Hay momentos que deberían ser eternos, la nueva novela de Megan Maxwell que cada vez que pasaba por una librería me miraba con ojitos hasta que me acabé rindiendo a comprarla. Y hace unos días empecé a leer esta historia con muchas ganas y deseando ver con qué personajes me encontraría esta vez.

Y me encontré con Eva y Marc. La primera es una mujer de 42 años, empresaria de éxito y procedente de una familia adinerada, que ha renunciado al amor y solo disfruta de los rollos de una noche. Marc por su parte es un cirujano oncólogo, cargado de positivismo que roza los cuarenta y que al igual que Eva también ha renunciado al amor. Las casualidades del destino harán que se crucen, aunque no empiezan con muy buen pie.

Como siempre, Megan Maxwell nos presenta una historia llena de romance, erotismo, risas y alguna lagrimilla. Aunque esto último no suele ser tan habitual en sus historias. Esta novela presenta algunas novedades, como una menor presencia del erotismo a cambio de más escenas tristes y reflexivas.

Además, Hay momentos que deberían ser eternos es una novela llena de reivindicaciones, algo también bastante habitual en las últimas historias de Maxwell. La que más repite es la del body positive. Eva está lejos de ser una chica dentro de las medidas que la sociedad considera atractivas en una mujer, sin embargo, a lo largo de la historia habla de lo importante que es quererse y aceptarse tal y como uno es. Sus reivindicaciones no se limitan a esto, sino que también habla de la libertad sexual de la mujer para hacer lo que quiera, con quien quiera y cuando quiera.

No solo la trama principal entre Eva y Marc es interesante, sino que también lo son las secundarias. Por ejemplo, la línea de las peleas de Eva con su hermana pequeña, Teresa, me enganchó muchísimo desde el principio. Prácticamente desde el primer capítulo cuando se presenta el conflicto entre las dos hermanas ya estaba enganchada.

En definitiva, el libro presenta un cóctel de emociones ideal para las amantes del género romántico, en especial de esas novelas que te hacen reír y llorar al mismo tiempo.

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